Quetzalcóatl vs Santa Claus

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Por Ismael Vidales Delgado/ ividales@att.net.mx

Sepan cuantos esto leyeren que aquí relatamos el día en que Quetzalcóatl sustituyó a Santa Claus, por obra y gracia del señor presidente de la República Pascual Ortiz Rubio, cumpliendo así con uno más de los excesos autorizados a su alta investidura otorgada por el voto de sus súbditos.

Cuando Plutarco Elías Calles tuvo la peregrina idea de imponer al ingeniero Pascual Ortiz Rubio como sucesor en la Presidencia de la República, mandó acribillar a los simpatizantes de José Vasconcelos que formados frente a las casillas esperaban emitir su voto por el afamado e inteligente ex Secretario de Educación.

Calles impuso a Ortiz Rubio sabedor de sus torpezas y por ello, pentonto fácil de  manipular. Por eso no fue gratuito aquél cartel que el pueblo colocó en Chapultepec en el que se leía “Aquí vive el presidente, pero el que manda… vive enfrente”, ya que calles vivía en la colonia Anzures.

Gracias a tantas torpezas que cometió, la historia lo consagró con el mote de “El Nopalito” porque era bastante baboso.

Una de las “lindezas” del señor Presidente ocurrió el último jueves de noviembre de 1930, cuando apareció en la primera plana de los diarios de mayor circulación nacional una noticia navideña: «Quetzalcóatl será el símbolo de la Navidad en nuestro país».

Efectivamente, el Sub secretario de Educación, Carlos Trejo y Lerdo de Tejada, declaraba a la prensa: «Ayer tuve el honor de comer con el señor Presidente de la República -Pascual Oriz Rubio- y durante la comida acordamos la conveniencia de sustituir las tradiciones extranjeras que nos han impuesto […]: será sustituido el símbolo de Noel o Santa Claus por el de Quetzalcóatl, divinidad que sí es mexicana».

Como era de esperarse, las protestas de las damas católicas fueron acalladas por la  defensa oficial de Quetzalcóatl. Periodistas (de fuerte embute), políticos e “intelectuales” esgrimieron razones contundentes a favor del mítico héroe que reunía todas las virtudes habidas y por haber: sabio, civilizador, artista, honesto, pacífico, divino y hasta cristiano, pues se recordaba que había la sospecha de que fuera el mismísimo Santo Tomás, quien habría evangelizado a los indígenas americanos antes que la conquista española.

Santa Claus había sido una importación del porfiriato, y por lo tanto,  la adopción de Quetzalcóatl como benefactor de la infancia mexicana serviría para «reimplantar en nuestro México su legendaria tradición de pueblo patriota y civilizado» y promovería que «la raza recuperara su antigua grandeza». Además los años recientes habían sido muy difíciles para el gobierno: el asesinato del presidente electo Álvaro Obregón (en julio de 1928), los rescoldos de la guerra cristera,  la rebelión escobarista, la huelga estudiantil por la autonomía universitaria y la agitada campaña presidencial de Vasconcelos.

Total que, el proyecto oficial se concretó el 23 de diciembre celebrándose el anunciado festival en el Estadio Nacional, donde Quetzalcóatl entregó dulces, regalos y «sweaters rojos» a 15 mil niños mexicanos. Quetzalcóatl se instaló en su templo acompañado de varias delegaciones de la Cruz Roja, la Asociación de Portección a la Infancia, todo el cuerpo diplomático, el gabinete gubernamental, el Presidente y su distinguida esposa.

A las cuatro de la tarde. Después de que la concurrencia entonó el Himno Nacional, Quetzalcóatl subió a su templo y recibió el homenaje de su corte de honor: sacerdotisas, tehuanas, aztecas, indios de Veracruz y Tlalnepantla. Después subieron los Reyes Magos; siguieron los juegos de «cintas» de los alumnos de la Casa del Estudiante Indígena; «el templo estaba materialmente lleno de aztecas, indios, chinas poblanas, sacerdotes» Quetzalcóatl repartió regalos a miles de niños y el caprichito de Ortiz Rubio se había cumplido.

Me acordé de esta anécdota porque estamos apenas dejando atrás los tamales y buñuelos de la navidad y ya soltaron la perrada, las elecciones están a todo lo que da, escucharemos -como siempre- discursos mesiánicos y estupideces muy superiores al día en que Quetzalcóatl sustituyó a Santa Claus… y sobre el puente de Nonoalco, Gladis García enciende el último cigarrillo de la noche y suspira ¡Así nos tocó, qué le vamos a hacer!

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