Jorge Pedraza Salinas
En una ocasión le preguntaron a Voltaire si existía alguna diferencia entre lo bueno y lo bello. Y él respondió así:
–Sí –dijo–, y una diferencia muy clara: que lo bueno necesita pruebas y lo bello, no.
Este escritor francés, cuyo verdadero nombre era François-Marie Arouet, fue un destacado novelista, filósofo, dramaturgo, poeta, historiador, crítico y ensayista. Originario de Paris, llegó a ser un enciclopedista destacado que abordó todos los temas, aunque enfocó su atención en torno a la moral, la religión y la metafísica. Se le considera el creador del cuento filosófico, género que utilizó para demostrar sus ideas y ridiculizar los prejuicios.
Autor de una obra importante y extensa, Voltaire renunció a la carrera de Derecho para convertirse en escritor. Es importante, sin embargo, destacar que su pluma estuvo en constante movimiento, que luchó contra las injusticias y los fanatismos. Combatió también la intolerancia y el oscurantismo.
Dedicó sus mejores esfuerzos a defender la razón. Y aunque fue anticlerical, es necesario puntualizar que no fue ateo. Para él, era evidente la existencia del creador, del gran arquitecto del mundo, ese alguien que todo lo ha hecho. Y su mensaje –uno de ellos– consiste en que el hombre debe saber organizarse para vivir lo mejor posible.
Para él, es más importante –mucho más– la vida de las naciones que la de los reyes y la historia de la civilización es la historia del espíritu humano. Esto explica la importancia que concede a la historia de las artes.
De sus múltiples frases, queremos en esta ocasión destacar las siguientes:
l.- Quien no tiene la inteligencia de su edad tiene toda la desgracia.
2.- Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invoca solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo,
3.- ¡Cuántas cosas extravagantes ha hecho decir el afán de decir cosas nuevas!
4.- ¡Dios mío, líbrame de mis amigos! De mis enemigos ya me libro yo.
5.- El que revela el secreto de otros pasa por traidor; el que revela el secreto propio pasa, hijo mío, por imbécil.
Entre su vasta producción destacan: Cartas filosóficas o cartas inglesas, Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones, sus tragedias Edipo, Brutus y Zaira, así como su Diccionario filosófico y sus cuentos y novelas cortas Zadig, Micromegas y Cándido o el optimismo.
DEFENSOR DE LA TOLERANCIA
Este genio de la ilustración francesa tuvo frecuentes choques contra las autoridades y en varias ocasiones fue encarcelado en La Bastilla debido a sus escritos. Era enemigo acérrimo del fanatismo y defensor profundo de la tolerancia, la dignidad, la justicia, la libertad y los derechos del hombre.
Tenía 64 años, cuando en el año de l759 publicó su obra más popular: «Cándido». Se dice que el original de esta obra lo escribió en sólo cuatro días, en el mes de julio de l758, mientras se encontraba en el palacio de un amigo.
De acuerdo con Desmond Morris, al llegar a la residencia palaciega se encerró en la habitación, abriendo la puerta sólo para tomar alimento, y al cabo de cuatro días salió de la estancia con la obra concluida. «Cándido o el Optimismo», es la obra más popular de Voltaire. En ella se lanza contra el optimismo sistemático de Leibniz, quien afirma que «éste es el mejor de los mundos posible». A través de los personajes, el autor narra una serie de aventuras, en las que los personajes centrales son: el joven Cándido, su maestro, el filósofo Pangloss; Cunegunda, la novia de Cándido y Martín, el criado-filósofo de Cándido.
Cándido se enamora de Cunegunda y es expulsado del castillo en que vivía. Inicia una serie de aventuras a través de tiempos y lugares, que lo llevan a las regiones más insospechadas, incluso El Dorado, un país maravilloso, en donde el rey le obsequia una cantidad de piedras preciosas, que después le habrán de ser robadas en su mayor parte.
En todos estos recorridos, viajando de un lugar a otro, Cándido vive una serie de aventuras. Pasa hambre y sufrimiento. Sin embargo, cada vez que reencuentra a su maestro Pangloss, éste –a pesar de todas las desgracias y enfermedades– continúa siempre optimista, asegurando que «todo va lo mejor posible: que los males particulares forman el bien general».
Para no hacer más extenso este texto, solamente les diremos que después de muchas vicisitudes, los personajes se vuelven a encontrar. Ya no son los mismos: la vida los ha transformado. Cunegunda se ha vuelto vieja, fea y aburrida; Pangloss sobrevive a un ahorcamiento, pero siempre optimista, y Cándido adquiere con lo que le quedaba de El Dorado una finca en los alrededores de Constantinopla, donde se quedan a vivir y siguen el consejo de un sabio turco.
CULTIVAR EL HUERTO
Este consejo consiste en callarse y trabajar. El trabajo ayuda al ser humano a sobrellevar la vida y le ayuda a evadir el aburrimiento, el vicio y la necesidad. En cuanto a Pangloss, ese incorregible optimista, éste sigue pensando que todos los males –que fueron muchos– se han encadenado para concluir en un final feliz y tranquilo. La obra concluye con estas palabras de Cándido: «Es preciso cultivar nuestro huerto».
A Voltaire se le considera campeón de la tolerancia.
Hemos de concluir con una de sus frases más conocidas: «Puede que no esté de acuerdo con lo que usted dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo».
