Sin autor conocido
Un viajero llegó a una bella casita a la orilla de una vereda. Estaba cansado y quería reposar, comer algo y bañarse para continuar su viaje. Estaba dispuesto a pagar por ello. Al llegar a la cerca de palos muy limpia y con plantas verdes, sólo encontró a una niña como de unos 5 ó 6 años de edad, a la que preguntó:
-Dime, nena, ¿dónde están tus papás?
La niña sólo lo miró y no respondió nada. El viajero siguió con su interrogatorio y la niña continuó sin responder nada, sólo lo miraba. Desesperado el viajero, le dice:
-Oye nena, ¿quién manda aquí? ¿Quiero hablar con él o la que mande aquí?
La niña seguía sin responder, sólo lo miraba, pero ahora con una sonrisita como que le divertía hacer desesperar al viajero. El viajero siguió preguntando: ¿Quién manda aquí, nena? ¡Dímelo!, ¿O es que estás sorda?, ¿Estás muda? ¡Ah, ya se, te comieron la lengua los ratones!
Al oír esta expresión, la niña se fue corriendo hasta el final del patio, mientras el viajero le seguía preguntando ¡Oye nena! dime ¿Quién manda aquí? La niña le gritó desde allá: ¡Aquí no manda nadie, porque todos nos queremos mucho!

