No sé exactamente qué hora era, me pidió una pastilla y escribió «Prueba LSD 100 intramuscular» […]. Le pedí que me lo confirmara. Súbitamente supe con claridad que estábamos juntos de nuevo tras dos meses de charlas tortuosas. Entonces supe lo que tenía que hacerse. Fui rápidamente a la otra habitación en donde estaba el Dr. Bernstein viendo la TV, acababan de anunciar el asesinato de Kennedy. Tomé el LSD y le advertí «Se lo voy a inyectar, él lo pidió». Regresé a la habitación de Aldous y preparé una jeringa. El Dr. me preguntó si quería que él aplicase la inyección -tal vez por que vio como mis manos temblaban-.
Su pregunta me hizo tomar conciencia de mis manos y respondí «No, yo tengo que hacerlo». Me silencié y cuando lo inyecté mis manos estaban firmes. A continuación sentí que compartimos una gran liberación. Creo que eran las 11:20 cuando le di su primera inyección de cien microgramos. Me senté cerca de su cama y le dije «Mi vida, quizá en un rato lo tomare contigo» […] Súbitamente me pareció que había aceptado la muerte; se había tomado esta medicina moksha en la cual creía. Estaba haciendo justo lo que había escrito en ISLAND, y tuve el sentimiento que estaba interesado, liberado, y quieto.
Tras media hora la expresión de su rostro comenzó a cambiar un poco y le pregunté si sentía el efecto del LSD, y me respondió que no. Sin embargo, creo que algo ya había sucedido. Esto era característico en Aldous, el percibir tardíamente el efecto de una medicina, incluso cuando era evidente que el efecto estaba ahí, a menos que el efecto fuese sumamente intenso el siempre respondía «aún no». Ahora su expresión reflejaba el efecto que se provocaba en él cada vez que tomaba la medicina moksha, cuando lo envolvía está expresión de inmensa plenitud y amor. Y si bien este no era el caso, si había un cambio notable en comparación a un par de horas antes. Dejé pasar otra media hora y decidí administrarle otros cien microgramos. Le dije que lo iba a hacer y estuvo de acuerdo. Le apliqué la otra inyección y comencé a hablarle. El estaba muy callado y sus piernas comenzaron a enfriarse […] Le dije: «Ligero y libre» y luego agregué con más convicción «suelta, suelta, déjalo ir, querido; de frente y hacia arriba. Estás yendo derecho y hacia arriba. Voluntaria y conscientemente te estás yendo, voluntaria y conscientemente, y lo estás haciendo hermosamente; lo estás haciendo en forma tan hermosa, te diriges hacia la luz, hacia el amor más elevado. Es tan fácil, tan hermoso» […] Yo estaba muy cerca de su oído, y espero haber hablado clara y entendiblemente. En algún punto le pregunté «¿Puedes escucharme?» y él respondió apretando mi mano. Me escuchaba […] La vibración de su labio inferior duró solo unos momentos y parecía responder a mis palabras: «Con calma» y «lo estás haciendo de manera voluntaria, consciente y hermosa, estás yendo de frente y hacia arriba, ligero y libre, hacia la luz, hacia la luz, hacia el amor pleno. La vibración cesó y su respiración se hizo más lenta, cada vez más lenta, y no hubo la más mínima señal de contracción o lucha. Simplemente la respiración se fue diluyendo y a las 5:20 cesó por completo.
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Notas:
En el hinduismo, el término moksha se refiere a la liberación espiritual.
Los hinduistas creen que cada alma está atrapada en un cuerpo material, y que cada actividad (buena o mala) obliga al alma a volver a nacer (Samsara) en un próximo cuerpo con el cual disfrutar las reacciones del buen karma (actividades bondadosas) o sufrir las reacciones del mal karma (actividades maliciosas).
La experiencia de moksha se refiere a la liberación del hombre de las ataduras del karma, significa trascender al conjuro del maya y es uno de los objetivos del hinduismo.

