Por Ismael Vidales Delgado
Origen:
Los maestros comenzaron a ser homenajeados oficialmente el 15 de mayo de 1918, pues ese día fue instituido oficialmente como “El Día del Maestro” durante el mandato del Presidente Venustiano Carranza (Diario Oficial de la Federación, 5 de diciembre de 1917). La iniciativa de ley fue presentada el 27 de septiembre del mismo año, con la exposición de motivos siguiente:
«De años atrás, de lustros, de siglos, se viene cometiendo en las generaciones que nos han precedido, una gran injusticia social, con gesto despectivo que lastima el carácter y con maneras desdeñosas que hieren el estímulo se ha tratado en todo tiempo al maestro de escuela, considerándolo como un cero a la izquierda en valimiento y consideraciones sociales. Se ha considerado al maestro como un ser que inspira indiferencia y en algunas épocas se le ha hecho causa de horror, pintándolo palmeta en mano, error ancestral que reclama reparación pronta y merecida. Toca en gloria corregir a la primera legislatura constitucional, emanada por orden y mandato de nuestra Carta Magna.
Los rudimentos principales de gratitud hablan en pro de la acción colectiva que significa la labor del maestro de escuela. ¿Quién podrá dudar que la instrucción y la educación de nuestro pueblo es el factor verdaderamente poderoso y seguro para la redención de la raza y el aseguramiento de los destinos de nuestra heroica patria, por senderos firmes, sólidos e indisolubles?
Siempre nos ha impresionado la precaria situación económica y social y su grandiosa labor en bien de la patria y del pueblo. Como golpe de mano cae sobre nuestro pensamiento esa gran injusticia social. Honrar al educador de la juventud, honrar al maestro es conseguir dos fines: estimular su labor y tener maestros seleccionados por su propio mérito. Cuanto más se ame al maestro, tendremos una patria más grande.»
La Cámara de senadores, al aprobar la iniciativa, le agregó la frase: “rendir homenaje a los maestros es un estímulo a la cultura nacional”. La iniciativa fue turnada a las Comisiones Unidad Primera de Puntos Constitucionales y Primera de Instrucción Pública, las que en un mes rindieron el dictamen siguiente:
“Señor: a nuestro estudio pasó la iniciativa de los ciudadanos diputados Enrique Viseca Soabatón y Benito Ramírez G., tendiente a declarar Día del Maestro el 15 de mayo, fecha en que, según los proponentes, los padres y tutores de los niños los enviarían a las casas de sus maestros para saludarlos, rindiéndoles homenaje de gratitud. Es noble el deseo que anima a los compañeros Viseca y Ramírez G., de honrar al maestro, relevando la importancia de su misión social.
Por lo expuesto, los subscritos sometemos a Vuestra Soberanía los siguientes resolutivos:
1.- Apruébese el siguiente proyecto de ley: El Congreso de los Estados Unidos Mexicanos decreta:
Artículo primero.- Se declara el Día del Maestro el 15 de mayo, debiendo suspenderse, en ese día, las labores escolares.
Artículo segundo.- En todas las escuelas se organizarán ese mismo día festivales culturales que pongan de relieve la importancia y nobleza del papel social del maestro.
Correspondió a la XXII Legislatura aprobar esta iniciativa en su sesión del 30 de octubre de 1917.
Destino:
En 1968 escribí el siguiente texto dedicado a los maestros y maestras, que no ha perdido vigencia, y dice:
Y se vistió con el traje siempre-visto.
Y se llenó de complejos y de culpas.
Y recorrió el camino polvoriento.
Y correteó diez camiones siempre-humeantes.
Y quemó las suelas ya quemadas.
Y firmó los diarios de asistencia, y supo de retardos, rayas rojas, reportes y descuentos.
Y pidió de comer un plato más y lo llamaron comunista.
Y lo afiliaron al PRI y al SNTE y votaron por él.
Y alguna vez habló, tan quedo, que su voz se quedó en el aire suspendida.
Y fue el huésped no invitado.
Y fue la omisión de las miradas, y el eterno ausente, y el siempre inoportuno.
Y hundió la pierna en el camino y se puso a sembrar.
Y el gobierno para expiar sus culpas, lo llamó “apóstol”; en el colmo de la ironía en el discurso oficial lo elevaron a la categoría de ¡héroe! Pero él no le creyó y siguió su camino, sembrando, siempre sembrando.
¡Ah! y hubo quien le hiciera un monumento con unos libros en la diestra, y montado en un zócalo le colgaron una placa…
Y le llamaron ¡Maestro!

