Omar Suro
“Sufragio efectivo, no reelección”, frase acuñada en México a principios de la década primera del siglo pasado y que se convirtiera en bandera de la lucha política para derrocar al régimen que había imperado de forma discontinua por más de 30 años. Las causas que justificaban la esencia e importancia del lema, fueron suficientes en aquel entonces para dar cauce y convertirse en un ícono de la cultura política mexicana.
El sufragio efectivo no reelección, ha sido desde entonces un hito, casi un dogma del sistema político en México. El tema ha sido discutido en foros de naturaleza distinta, sin que hasta ahora haya logrado despertar la suficiente simpatía como para inspirar un cambioy modificar las formas para encausar el fondo hacia la consolidación del régimen democrático.
Llevar a cabo cambios en el régimen político mexicano no ha sido una tarea sencilla. Las reformas en la materia, han transitado por amplias confrontaciones entre diversos actores que se resisten a poner en práctica modificaciones sustanciales que deriven en la consolidación del sistema, y su tránsito hacia niveles o escalas democráticas de mayor alcance.
Buena parte de la historia democrática de México se sustenta en este principio, con algunas agravantes que ello implica. Si bien la práctica de la reelección no hace a un Estado más o menos democrático, es necesario considerar esta posibilidad como parte de un proceso de renovación y desarrollo que todo sistema político exige.
¿En qué medida influye la no reelección para el desarrollo democrático del Estado mexicano?, ¿Es necesaria la reelección en México como elemento democratizador, o no lo es para este mismo fin? Se suele responder a cuestionamientos como estos, influenciados por sentimientos patrióticos lo que regularmente conduce a asumir una visión poco objetiva.
La no reelección, junto con otros temas políticos, como las candidaturas independientes, se han mantenidos al margen de las reformas y siguen siendo temas ausentes en las agendas de los actores políticos.
Si bien existen avances importantes en la materia (reforma política) sobre todo aquellos que versan sobre el reconocimiento del Estado sobre los derechos individuales, como la libertad de expresión, estos esfuerzos están muy por debajo de las expectativas necesarias para alcanzar metas más ambiciosas en el plano democrático.
La reelección o la no reelección no deberían constituirse como el elemento central en el debate político. Si bien, se considera un aporte fundamental al interior de un sistema electoral; en México la no reelección no ha producido avances relevantes, por lo que pudiera entonces parecer poco lógico que este simple factor dote a la democracia mexicana de legitimidad o de algún otro valor.
Es preciso advertir que no se trata de cambiar un esquema sin justificación o visión alguna. La madurez de la no reelección por si misma no debería experimentar cambio alguno, siempre y cuando hubiera presentado síntomas de eficacia en su ejercicio. Si bien el sistema político en México refiere a la no reelección para un mismo cargo en el período inmediato posterior para todos los casos, salvo la presidencia de la república y las gubernaturas estatales, que no la permiten bajo ninguna circunstancia, es preciso señalar que en estricto sentido la reelección sí se lleva al cabo, cuando un candidato ha ocupado puestos de elección popular de manera consecutiva de distinta denominación.
Este tipo de controversias resultan por demás interesantes a la luz de los criterios que motivaron al constituyente permitiendo regular esta máxima. Se ha interpretado este mandato conforme a intereses,logrando(los políticos) postularse a cargos (aunque estos distintos) en períodos inmediatos.
Obvio decir, la no reelección puede entenderse para períodos inmediatos en el mismo cargo, sin embargo, la esencia de la frase pude interpretarse en otro sentido. Simplemente no podrá ser electo en dos oportunidades inmediatas para ningún cargo. Y esto trae a colación, la idea de que los cargos políticos o de elección popular son irrenunciables, lo que imposibilitaría de acuerdo a lo establecido en las legislaciones electorales, tanto federal como estatales, a que alguien que ha obtenido un cargo de elección popular abandone su responsabilidad para postularse por otro distinto en períodos inmediatos.
La política electoral en México debe responder a un nuevo contexto. La sociedad se ha desarrollado en los últimos cien años y precisa cambios de fondo que motiven e inciten hacia espacios de mayor participación. Los partidos se “lamentan” los índices de participación electoral que oscila alrededor del 50% de votantes. Alentar la participación implicaría poner en uso un nuevo escenario que aliente al votante a hacer uso de este derecho.
