I y D Reboli
Al arrullo gentil de tus palmeras
que suenan como mágico salterio,
ignoradas tus fértiles riberas
dormías en la noche del misterio.
Pero vino Colón, el Almirante,
el mago conductor de carabelas,
y en marcha sin igual, siempre adelante,
te descubre en la orilla donde velas.
Y enamorados de la virgen tierra
los bravos hijos de la noble España.
fueron dejando lo mejor que encierra
la generosa y singular entraña.
Desde la cuesta colosal del andes,
hasta en el valle de escondido río,
sembrando hazañas cada vez más grandes
fueron dejando el lírico plantío.
Y germinada la simiente noble,
hecha por gente de raza ibérica
perfuma de ámbar, con vigor de roble,
eres el fruto más preciado: ¡América!
