Ismael Vidales Delgado
El ingeniero Pérez estaba muy orgulloso de su nuevo puesto de Gerente de la Planta de Tecnología Avanzada S.A., tenía una lujosa oficina, varias secretarias y muchos empleados.
Un día invitó a su padre, un hombre anciano y jubilado. Ya en la oficina el ingeniero Pérez le dice a su padre: mire papá por este teléfono puedo llamar a cualquier parte del mundo; con esta cámara colocada encima de la computadora puedo realizar juntas virtuales con los otros gerentes del país como si estuviéramos en verdad en una sala juntos; con este aparato que traigo en la cintura recibo y envío mensajes escritos a personas que están a miles de kilómetros; con el fax puedo enviar y recibir documentos; por la radio estoy comunicado al instante con los jefes de grupo de la empresa; con el circuito cerrado de televisión estoy comunicado con los puntos estratégicos de seguridad de la empresa,… como puede darse cuenta ¡estoy muy bien comunicado!
El padre del ingeniero Pérez, con voz pausada pero firme, le respondió: ¡Te felicito hijo, por estar muy bien comunicado con tantas personas! Sólo quiero hacerte una pregunta.
-La que guste papá, contestó el ingeniero Pérez.
-Oye hijo ¿Por qué a mí nunca me hablas?
