Arq. Abiel Treviño Aldape
Ante la frugal pregunta ¿qué es la sociedad? Durkheim la definió como el conjunto de individuos, más sus relaciones e influencias mutuas, más los sentimientos e ideas que surgen de esas relaciones, que permiten construir una identidad en el tiempo.
A través del correr del tiempo, ineludiblemente sufrimos cambios en nuestra forma de vida, en nuestra forma de trabajar, de divertirnos, de convivir, de interpretar los acontecimientos cotidianos, en pocas palabras: cambiamos de hábitos.
Podríamos esbozar décuplos de ejemplos, pero uno que podemos contextualizar con la amarga realidad actual, es el del trágico-histórico asesinato de dos mujeres, Antonia Lozano de Montemayor y su hija Florinda, para robarles cuatro mil pesos oro, acaecido en la tercera década del siglo pasado; hecho recogido por el periódico local El Porvenir con el titular de “Horrendo crimen” —6 de abril de 1933— crimen que estremeció a la apacible y naïf sociedad regiomontana de aquel entonces, y que puede considerarse como una de las primeras notas sensacionalistas de Monterrey.
Ese asombro casi cándido e infantil, se debió probablemente a la falta de costumbre para “absorber y asimilar” este tipo de noticias, noticias que hoy, teniendo trastocados nuestros hábitos, a nosotros dejaron de estremecernos, puesto que nos han habituado mediante el indiscriminado bombardeo mediático, —tres veces al día/siete días a la semana/cincuenta y dos semanas al año—, a ser testigos (e incluso actores principales y/o secundarios) de actos ilícitos en la ciudad.
Recurriendo nuevamente al sociólogo y antropólogo francés Émile Durkheim, él descubre, estudia y define la anomia, como la falta de normas o la incapacidad societal de proporcionar a ciertos individuos lo necesario para lograr las metas de la sociedad.
Tenemos entonces que la anomia, es el mal que sufrimos a causa de la ausencia de reglas morales y jurídicas, e incluso yendo un poco más allá, Nino acuñó el concepto de “anomia boba”, aludiendo a “una situación en la que la ilegalidad de las conductas sociales produce una situación en la que todos los miembros de una sociedad resultan perjudicados” (Girola: 2005; 115).
¿Tenemos anomia social, o somos una sociedad anómica? Sea cual fuere la respuesta, esta podría coadyuvar a entender el estado de caos urbano en el que estamos inmersos, y el cuál se ha dilatado en menos de un lustro.
La apatía, la pérdida de cohesión social, el individualismo, la segregación socio-espacial, es alimento que nutre y robustece a la hidra llamada INSEGURIDAD.
Bibliografìa
GIROLA, Lidia; 2005; Anomia e individualismo; UAM – Anthropos Editorial; España.
Hemeroteca digital de El Porvenir
