Indira Kempis
Una vez sumergidos en el espiral de la violencia exacerbada de la que parece nos engulle por más intentos desesperados que se hagan, los cuestionamientos reflexivos sobre qué es lo que podemos hacer para disminuirlo o detenerlo son cada vez más frecuentes. Una de mis observaciones sobre el problema está directamente vinculada al resquebrajamiento del tejido social.
Esto, en el sentido que la inseguridad ha construido fronteras visibles e invisibles que, en apariencia, contribuye a la seguridad. Con mayor frecuencia se encuentran personas que afirman con convicción “ya no puedes confiar en tus vecinos”. Entonces, el surgimiento de las casas bardeadas y los barrios cerrados convierten a determinadas zonas geográficas en pequeñas “islas” que, aunque distan de ser infranqueables, al mismo tiempo también alimentan la división o fragmentación tangible del tejido social, restándole importancia a lo que es público e instalándose en lo que es privado, por tanto, ajeno a quienes no podrían pagar por el uso de los mismos.
Me he percatado de esto porque un día, yendo en bicicleta cuadras alrededor de donde habito, encontré un parque cercado. Al querer entrar, descubrí que la puerta tenía un candado y un letrero que instaba a los vecinos a pagar la cuota de mantenimiento. Mi pregunta inmediata a quien pasaba por ahí fue si podía utilizar el parque. La respuesta fue negativa, debía vivir en la zona, pero además, pagar la cuota para poder usarlo. Incrédula, pensé que se trataba de una broma, pero no, el acceso realmente estaba restringido.
La reconstrucción de ese tejido social que hoy nos tiene divididos ante un fenómeno que está rebasando los límites de la paciencia personal y colectiva, necesitará de herramientas para su cohesión y fortaleza. Parte de ellas serán en definitiva el uso de espacios públicos que permitan la convivencia, la cultura, la educación, el deporte y las actividades recreativas. Lamentablemente, pocos son los espacios públicos y, al parecer, en esa pretensión de protegerse de la delincuencia (aunque una reja de un metro y un candado distan de ser sinónimo de seguridad) estamos acabando con los pocos espacios que permitirían la cohesión social que necesitamos.
Esa experiencia me permitió crear un concepto que desde @ciudad_es, una de las redes de especialistas en las que participo, hemos logrado incluir en el Plan Estatal de Desarrollo Nuevo León 2030 (http://nuevoleon2030.nl.gob.mx/): Parques Nómadas. Es decir, hacer itinerantes aquellas actividades que todos y todas podríamos realizar en parques de calidad mundial. Si es que no hay espacios para fomentar el arte y el aprendizaje lúdico, si es que voy a toparme con aquellos en los que tenga que pagar o saltar la barda, si es que hemos dejado a un lado la importancia que tiene volver a establecer contacto con los otros (incluyendo los que son diferentes a nosotros), entonces el parque tendrá que salir de su espacio natural para construir la cohesión social viajando. Si es que vamos a limitar una de las respuestas viables para frenar la violencia, entonces, deme un parque para llevar, por favor.
