Doctora Myrna Estela Rosas Uribe
Psicoterapeuta / Investigadora UV
Anteriormente, las prioridades de salud pública se estimaban con base en los índices de mortalidad; sin embargo, hace más o menos una década que se incluyó el factor discapacidad o pérdida de vida saludable para hacer consideraciones al respecto. Por lo tanto, las enfermedades neuropsiquiátricas son algo importante que se debe tomar en cuenta, dado el número de días que las personas pueden verse afectadas por ellas. En este sentido, la depresión unipolar, que es explicada en un párrafo posterior, destacó alrededor del año 2000 por haber ocupado el cuarto lugar mundial entre las enfermedades discapacitantes, al mismo tiempo que se ha estimado que para el año 2020 ocupará el segundo lugar, e inclusive el primero en países en desarrollo.
Tal depresión se ha convertido en un problema importante de salud pública que padecen alrededor de 150 millones de personas en el mundo (Parker, 2002). Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud ha establecido dentro de su programa de salud mental que la atención a este trastorno depresivo es prioritaria. A fin de delimitar dicho problema, es conveniente considerar que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, en su versión cuarta, texto revisado (American Psychiatric Association, 2003), incluye una sección para los trastornos del estado de ánimo. Su característica principal es una alteración del humor, y están divididos en trastornos depresivos (depresión unipolar), trastornos bipolares y trastornos basados en la etiología (trastorno del estado de ánimo debido a enfermedad médica y trastorno del estado de ánimo inducido por sustancias). Entre los trastornos depresivos se encuentra, además de la distimia y del trastorno depresivo no especificado, la depresión mayor. Por ser especialmente ésta el motivo de preocupación, a continuación se detallan los criterios establecidos para su diagnóstico:
CRITERIOS DE DIAGNÓSTICO
1. Presencia de un único episodio depresivo mayor, o de dos o más, pero separados por un intervalo de dos meses continuos. Dicho episodio depresivo mayor se caracteriza por:
- •Un periodo mínimo de dos semanas durante el cual haya tenido un estado de ánimo depresivo o pérdida de interés la mayor parte del tiempo, casi todos los días.
- •Cuatro de los siguientes síntomas, también la mayor parte del tiempo:
Cambio de peso (mayor a 5 por ciento del peso corporal en un mes) o cambio del apetito.
Insomnio o hipersomnia.
Agitación o retardo psicomotor.
Fatiga o pérdida de energía.
Sentimientos excesivos de inutilidad o de culpa.
Disminución de la capacidad para pensar, concentrarse o tomar decisiones.
Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida o intento de suicidio.
- •Un cambio respecto a su funcionamiento previo, y sus síntomas, le deben provocar deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la vida.
Quedan excluidos los síntomas que se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia o una enfermedad médica; y los debidos a la presencia de un duelo después de la pérdida reciente (últimos dos meses) de un ser querido.
2. El episodio depresivo mayor no es debido a esquizofrenia o a algún otro trastorno psicótico.
3. Nunca se ha producido un episodio maníaco, un episodio mixto o un episodio hipomaníaco.
Cabe aclarar que establecer un diagnóstico con base en estos criterios constituye sólo el primer paso de una evaluación que tiene que completarse con más información, ya que cuando se trata de formular un adecuado plan terapéutico, hay que contar con otros datos importantes sobre la persona afectada, entre los cuales los eventos traumáticos o perturbadores de su vida son muy relevantes.
SENTIMIENTO DE PÉRDIDA Y FRACASO
De acuerdo con Mog y Bradley (2000), la depresión puede activar mecanismos cognitivos que parecen estar relacionados con el sentimiento de pérdida y fracaso. En este sentido, la literatura en el área cognitiva (Dalgleish, Taghavi, Doost, Moradi, Yule & Canterbury, 1997; MacLeod, 1997; Power & Dalgleish, 1998; Siegle, 2001) sugiere la atención sostenida a eventos autobiográficos, así como mecanismos relacionados con la memoria del individuo. Autores como Beck (1979), Rush y Beck (2000) y Bennett-Goleman (2002), sostienen que la persona que padece depresión, al evaluar los eventos del medio, es influenciada por sus esquemas de información emocional negativa que guarda en su memoria a largo plazo y que afectan su percepción.
Específicamente, Beck asume que sus esquemas disfuncionales sobre sí misma, sobre el futuro y sobre los eventos del presente le determinan el desorden emocional. Desde la perspectiva del modelo teórico del Sistema de Procesamiento de Información a un Estado Adaptativo (SPAI), desarrollado por Shapiro (1991, 2001, 2002, 2004), todas las personas tenemos un sistema inherente, psicológicamente adaptado para procesar información, que puede ser comparado con los otros sistemas corporales, como por ejemplo el digestivo. Dicho sistema procesa las experiencias para almacenarlas en la memoria en una forma útil y accesible, incorporándolas a las neuro-redes que están relacionadas. Tal parece que un equilibrio neurológico en un sistema fisiológico definido permite que se realicen las conexiones con las asociaciones apropiadas, para que las experiencias queden integradas a esquemas cognitivos y emocionales positivos, y sean empleadas constructivamente por los individuos en el futuro.
DESEQUILIBRIO EN EL SISTEMA
Sin embargo, cuando alguien experimenta un evento traumático, ocurre un desequilibrio en el sistema, que queda incapacitado para procesar la nueva información óptimamente.
Esto impide que se conecte con la que está almacenada adaptativamente en otras redes de memoria, manteniendo al suceso en su estado de perturbación encerrado en un nódulo restringido, que hace que la persona manifieste cogniciones, emociones, imágenes y/o sensaciones negativas.
Una premisa básica de esta postura teórica es que los efectos negativos duraderos de experiencias tempranas que han involucrado humillaciones y desilusiones, y de cualquier evento que resulte traumático, se ven reflejados en la vida diaria a través de desánimo y baja autoestima, cuando cualquier
incidente que detona alguna neurored asociada a ellos hace aflorar la disfuncionalidad cognitivo emocional del individuo. Luego entonces, como las estructuras patológicas son inherentes a información perturbadora insuficientemente procesada, es importante considerar el impacto de ésta en la configuración de la depresión.
Con este modelo, Shapiro creó un nuevo territorio para la intervención psicoterapéutica a través de la aproximación EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing, en español: Desen sibilización y Reprocesamiento a través del Movimiento Ocular). Dicha aproximación reúne elementos de diferentes tendencias psicológicas en un enfoque integrativo, en el cual también están consideradas las evaluaciones positivas y negativas de las personas hacia sí mismas, que son relevantes para la terapia cognitiva, de acuerdo con lo señalado, entre otros, por Beck (1967).
IMPACTO SOBRE LAS PERSONAS QUE SUFREN DEPRESIÓN
Alrededor de ella existe una base extensa de investigación controlada (Carlson, Chemtob, Rusnhak, Hedlund & Muraoka, 1998; Feske, 1998; Ironson, Freund, Strauss & Williams, 2002; Marcus, Marquis & Sakai, 1997; Maxfield & Hyer, 2002; Rothbaum, 1997; Spector & Read, 1999; Van Etten & Taylor, 1998). Especialmente un estudio realizado por Rosas-Uribe (2006), tomando en cuenta la teoría, la metodología y la tecnología disponibles actualmente en el área de la ciencia cognitiva de la emoción, aportó resultados positivos que demostraron el impacto que dicha psicoterapia puede tener sobre el procesamiento de la información negativa emocional en personas que sufren depresión.
A través de la aproximación psicoterapéutica EMDR, puede esperarse que las imágenes, creencias, emociones y sensaciones negativas que componen los recuerdos en la memoria de las personas alrededor de sus eventos traumáticos, dejen de ser perturbadoras.
El papel de esta psicoterapia es ayudar a metabolizar los sucesos experienciales que provoquen disfunción, reacomodando en la memoria las experiencias negativas y trasmutándolas en experiencias de aprendizaje adaptativas. El reprocesamiento adecuado de la información permite al paciente reconocer las condiciones emocionales y cognitivas apropiadas del presente, y le promueve una evolución progresiva hacia un estado de aceptación que deriva en un sentido de seguridad y de control; se espera así que los síntomas depresivos desaparezcan, como sucedió en el estudio previamente citado.
La evaluación de creencias autorreferenciales y la reestructuración cognitiva y emocional son elementos clave que permiten enfocar apropiadamente el tratamiento, permitiendo que los cambios ocurran rápidamente.
Conocer que existe una intervención psicoterapéutica efectiva como la aquí descrita tiene especial importancia cuando se trata de encontrar soluciones alrededor de un problema de salud como la depresión, que amenaza con convertirse próximamente en la segunda entre las enfermedades discapacitantes del mundo.
