Lo humano en la ciencia y la tecnología

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Profesor Ismael Vidales Delgado

Ciertamente, el hombre fue dotado para iniciar -desde su nacimiento y creación- un ascenso interminable. Siendo objetivos, debemos aceptar que ha cumplido sobradamente con este cometido, tanto, que a veces nos preguntamos: ¿Cuándo parará? ¿Qué lo detendrá? ¿Cuáles son sus límites?

La ciencia le ha permitido agudizar su pensamiento, utilizar la razón, crear y recrear. La tecnología ha sido la consecuencia de estas prácticas; así, el hombre ha dominado a la naturaleza, determinando si ha de abrirse un cerro, indagar en el fondo del océano u observar los cráteres de la Luna in situ. De igual forma, ha logrado inocular en su propio cuerpo dosis de microbios para revertir sus efectos negativos y ganar la lucha a la enfermedad; incluso, está dando pasos firmes en la clonación de sí mismo.

Muchas de estas acciones han permitido prolongar la vida y la calidad de ésta; otras han sido origen de su propia destrucción; algunas han sido aplaudidas y otras han sido condenadas. En estas circunstancias, todo indica que el hombre sigue su marcha en el ascenso prescrito por la voz divina o la darwiniana, según se quiera enfocar.

México presenta, por un lado, serios rezagos, tanto en la ciencia como en la tecnología, debidos tanto a los bajos niveles de producción científica, como a la escasa capacidad para su utilización apropiada; así lo constatamos diariamente en el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos, la salud de la población, y en general en la galopante contaminación del suelo, el aire y el agua. Las cosas que ocurren hoy no ocurren necesariamente porque así venían ocurriendo o porque tenían inevitablemente que ocurrir; ocurren porque grupos organizados, utilizando su poder, decidieron hacerlas suceder. Léase: empresarios sin escrúpulos y gobiernos complacientes.

La ciencia y la tecnología son temas que no pueden verse fuera de su natural contexto: la calidad de vida, la educación, la economía, la política y la ética.

SOCIEDAD TECNOLÓGICA

Debemos reconocer que la nuestra es ya una sociedad tecnológica y que lo será cada vez más en el futuro inmediato; esto es irreversible;  pero, ¿está siendo preparada nuestra niñez y nuestra juventud para hacer frente con posibilidades de éxito a esos desafíos?

Esta situación polariza las opiniones, dando origen a un complejo sistema de “riesgos” y “oportunidades”. El dilema muestra a un grupo que  visualiza un amplio desarrollo científico y tecnológico, mientras que antagónicamente hay otro que señala los riesgos de la mundialización económica y cultural.

Alvin Toffler sostiene que: “La forma de alcanzar el desarrollo y el poder económico en el siglo XXI, ya no será mediante la explotación de las materias primas y del trabajo manual del hombre, sino mediante la aplicación de los recursos de la mente humana”.

El acelerado desarrollo de la Ciencia y la Tecnología ha creado nuevos paradigmas: ahorro de mano de obra, materias primas, espacios y tiempos de producción y de energía. Esto ha repercutido en las universidades, en los requerimientos industriales, y en la sociedad en general, que reclaman nuevas carreras y nuevos saberes.

NUEVA CIENCIA Y NUEVAS TECNOLOGÍAS

Es una realidad que los países altamente industrializados monopolizan la nueva ciencia y las nuevas tecnologías: la robótica, la telemática, los nuevos materiales, la microelectrónica, la biotecnología, la autotrónica, la aviónica, etcétera no son cosa común en México ni en otros países en desarrollo.

La participación del Estado se reduce a asumir un papel financiador, mientras las grandes transnacionales imponen el modelo de desarrollo científico y tecnológico al resto de las naciones.

Edgardo Galli nos advierte, en su artículo “Conocimiento tecnológico, educación y tecnología”, publicado en la Revista Latinoamericana de Innovaciones Educativas, que: “El hecho de que la tecnología sea hoy en día el eje de la razón instrumental, y fundamento de la nueva riqueza de las naciones, no debe derivar en esquemas mecánicos de imitación, sino que requiere la asimilación y la creación autónoma en función de las peculiaridades de cada país”.

Éste es el quid del asunto. México necesita definir su papel en este juego mundial en el que ya entró, y entró jugando bastante mal, sobre todo porque ha asumido un papel de imitación deshumanizado, proclive a las macrocifras y desdeñador de la economía real: la de la bolsa del pantalón y el monedero de las amas de casa.

Vivimos este dilema, y debemos resolverlo; pero si en el juego no vamos todos, lo más probable es que pronto nos sienten en la banca, y después ni siquiera nos dejarán entrar en el estadio y asumiremos el papel de espectadores desde la soledad del no invitado, el eterno ausente.

DAR PRIORIDAD A LA SOBERANÍA NACIONAL

Cualquier alternativa que asuma nuestro país, ante la mundialización de la ciencia y la tecnología deberá priorizar la soberanía nacional y definirla como el eje central de las acciones nacionales, y esto tiene relación directa con la educación, especialmente con la que se imparte en la universidades e instituciones de educación superior. Desafortunadamente, ante la escasa participación de las universidades en la producción de nuevos conocimientos, las industrias están generando sus propios satisfactores, con lo cual se corren más riesgos que beneficios, si nos asumimos como país y no como un territorio fraccionado donde se realizan negocios bajo intereses estrictamente individuales o corporativos en los que el sentido social y de pertenencia a una patria estén ausentes.

Finalmente, no debemos olvidar que si el currículo formativo sigue privilegiando la tecnología, olvidando la ciencia con referente ético, la factura que nos han de presentar simplemente será impagable.

Estados Unidos, desde hace varias décadas, introdujo las humanidades en la ciencia y la tecnología, como parte del currículo de todas las áreas del conocimiento. La UNESCO, por su parte, ha recomendado la introducción en la enseñanza universitaria de los estudios de historia, sociología y política de la ciencia y la tecnología, así como la realización de investigaciones sobre esos temas referidos a las situaciones locales de cada nación y de carácter comparativo entre varios países.

En México, estamos indecisos; las humanidades, si bien forman parte de casi todos los planes de estudio, reciben un tratamiento ligero, superficial y de escasa importancia. Si hoy no sabemos llevar un paquetito en las manos, jamás podremos llevar en ellas las riendas de nuestro destino, como individuos y como nación.

 

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