Por Ismael Vidales Delgado/ ividales@att.net.mx
Yo creo que todos sabemos que desde hace muchos años, en México se nombra como los 41 a los homosexuales, debido al famoso baile que presuntamente 42 hombres travestidos realizaron en 1901 (la época de don Porfirio), siendo sorprendidos por la policía y exhibidos en la prensa que tuvo que enmendar la nota rectificando la cantidad de personas detenidas: 41 en vez de 42.
Esto desató una ola de rumores en el sentido de que el que faltaba era nada más y nada menos que Ignacio de la Torre y Mier cuyo verdadero nombre era (José Ignacio Mariano Santiago Joaquín Francisco de la Torre y Mier -25 de julio de 1866-1 de abril de 1918) yerno de don Porfirio y esposo de su hija Amada.
Esta situación dio origen a que el 41 fuese empleado como sinónimo de “homosexual” y así quedó documentado no sólo en las prensa de la época, sino también en una famosa novela titulada “Los cuarenta y uno: novela crítico-social” escrita con el pseudónimo de Eduardo A. Castrejón en 1906 quien parece que en verdad era el general Mario Ruiz Montañez (1846-1932) que fuera gobernador de Nayarit.
Pues bien, la UNAM recién ha reeditado esta obra, con prólogo de Carlos Monsiváis y un estudio crítico del norteamericano Robert McKee Irwin.
McKee Irwin dice que la novela señala que sólo 19 de los congregados en ese famoso baile eran hombres travestidos; otros sólo eran afeminados pero vestían ropas varoniles y otros más eran invitados ocasionales que no eran homosexuales.
Uno de los propósitos de reeditar la novela, comentó McKee, “es porque muchas veces pensamos que los debates en torno a la diversidad sexual son una cuestión reciente. Se piensa que fue a partir de los años 60, durante la revolución sexual, cuando surgió el interés por este tema; sin embargo lo cierto es que en México existe toda una historia muy arraigada que va mucho más allá de la novela de Castrejón.
Por ello, el prólogo de Monsiváis habla sobre el tratamiento del tema de la homosexualidad en la literatura del siglo XIX pero no lo hace a partir de la novela “Los 41…” sino a partir de un personaje que aparece en 1871 en otra novela titulada Historia de Chucho el ninfo y la noche buena del autor José Tomás de Cuellar (1830-1894) quien la firmó con el seudónimo de Facundo y que se reeditó en el 2004.
Facundo fue un escritor, periodista, político y diplomático mexicano que escribió para varios periódicos y revistas, especialmente para La Linterna Mágica que se compiló en 24 tomos, uno de los cuales es la novela aludida.
“Chucho el ninfo…” es una crítica satírica contra los afrancesados porfirianos que le mereció al autor La Pluma de Oro otorgada por la Asociación Gregoriana entregada en solemne ceremonia el 29 de mayo de 1866.
Esta novela pinta la vida de un niño a quien su madre mima y regala más de lo conveniente, los caprichos del niño, por absurdos o costosos que sean, siempre son satisfechos ciegamente, porque es hermoso, su cutis es blanco, su pelo rubio, y porque es hijo de un joven acomodado con quien ella vivió una inolvidable aventura de amor una noche de “tamalada” y de luna.
El niño va creciendo en ese ambiente, sin pensar en lo porvenir, sin buscar un modo de ganarse la vida. Casi como un milagro, Chucho el Ninfo encuentra a su padre, un rico hacendado que se encariña con su vástago, que lo recoge y lo lleva a su finca de campo, lo hace pasar por su sobrino y pone a su disposición los medios necesarios -su dinero y sus relaciones sociales- para que Chucho el Ninfo viva la vida elegantemente a la moda, dado a la buena vida, cuidando de su persona y de su indumentaria varias horas diarias, galanteador empedernido de pollas y de casadas le gustan también los hombres.
Monsiváis también se refiere en el prólogo al caso de Antonio Adalid, alias “Toña la Mamonera”, aristócrata sobre el que Salvador Novo relata algunas anécdotas en La estatua de sal (Conaculta, México, 1998).
El estudio crítico de Robert McKee Irwin tuvo su origen en el simposio internacional que se llevó a cabo en noviembre de 2001 en la Universidad de Tulane, Nueva Orleáns con el nombre de El centenario de los 41: sexualidad y control social en Latinoamérica, 1901. De este simposio se desprenden interesantes ponencias sobre el famoso baile organizado por Mimí, Ninón, Estrella, Pudor, Virtud, Carola, Blanca y Margarita.
