Reflejo alienado

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T.S. Eliot, acerca de la radio

Aunque es fácil justificar el aislarnos de otros humanos (a veces es claramente más cómodo no lidiar con persona alguna) sus efectos en el individuo son devastadores.  Ha sido sugerido que algunos desórdenes cognitivos, en particular el autismo, pueden ser causados por problemas con el sistema de “neuronas espejo”.  ¿Será posible que estemos corriendo el riesgo de que nuestros hijos pierdan la funcionalidad de sus “neuronas espejo” por falta de uso?

Los humanos llegamos a aprender lo que significa ser humano de otros seres humanos.  Al diferenciarnos a nosotros mismos de los demás aprendemos dónde terminamos nosotros y dónde empiezan ellos; al observar nuestras similitudes, se nos recuerda la naturaleza que compartimos.  También llegamos a entender lo que significa estar vivos a través de nuestra interacción con el mundo natural: la naturaleza, los animales y los fenómenos naturales.  Aprendemos a hacer distinciones entre lo que es y no es “vida”; a través de una multitud de comparaciones experimentamos las diferencias entre una piedra y una planta, una planta y una ardilla, una ardilla y un ser humano.

Con la tecnología, no sólo estamos en riesgo de perder nuestro entendimiento de la humanidad, sino también nuestro entendimiento de lo que es estar vivos.  Cada avance tecnológico ha triunfado por sobre las restricciones del universo natural.  De muchas maneras, ya no tenemos que estar limitados por el clima, la hora del día o las distancias, ni tenemos que interactuar con otros organismos vivientes.  Con nuestras herramientas y recursos, podemos crear nuestros propios ambientes controlados, y si queremos, quedarnos en ellos para siempre.  Desafortunadamente, estamos ganando la guerra contra la naturaleza olvidando que la naturaleza forma parte de nuestras raíces.

Si lo llevamos un paso más adelante, si continuamos disminuyendo nuestro entendimiento de lo que es ser humanos y lo que es estar vivos, es probable que hagamos a la inteligencia artificial indistinguible de los humanos.  Por ejemplo, una cosa es jugar ajedrez con una computadora y ganar o perder.  Sin embargo, es una cosa enteramente diferente jugar ajedrez con otra persona, sentarnos frente a esa persona y experimentar sus idiosincrasias.  Jugar ajedrez con otra persona nos da una experiencia más profunda del ajedrez porque nos da una experiencia de lo que es ser un humano jugando ajedrez.  Si hubiéramos jugado ajedrez contra computadoras toda nuestra vida, sentarnos frente a un humano y jugar ajedrez sin duda sería una experiencia muy curiosa.  El día en que no podamos distinguir entre la experiencia de jugar ajedrez con una computadora y jugar ajedrez con otro ser humano, habremos creado un dios en el cuerpo de una máquina.  En ese día, seremos testigos de la destrucción de la humanidad por la mano de su propia creación.

Aislarnos de otros seres humanos nos distancia de nuestra humanidad.  Aislarnos de la naturaleza ultimadamente disminuye nuestro entendimiento de lo que es estar vivos, de nuestra propia mortalidad.  Cercenar una o ambas de estas conexiones ultimadamente nos separa de nuestro propio ser; es un tipo de muerte, una expiración de nuestra propia identificación.  En este sentido, tenemos que defender con nuestras vidas nuestra humanidad de nuestra propia tecnología.

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