Sin autor conocido
El astrónomo vivía con la cara pegada a su telescopio. Conocía los canales de Marte, los anillos de Saturno y los hielos de Plutón. Conocía el nombre de cada uno de los cráteres lunares. Por momentos, de tan ensimismado que estaba en sus observaciones astronómicas, no se acordaba ni de comer, menos de su pobre ayudante que limpiaba los lentes del telescopio, le ordenaba sus apuntes y le daba de comer a un gatito que mucho quería el astrónomo.
Un día el conserje distrajo al astrónomo diciéndole: Profesor, necesito hablarle. Con fastidio el astrónomo apartó su vista del telescopio y miró al humilde ayudante.
-¿Qué quieres decirme?
-Disculpe que lo distraiga, pero necesito retirarme temprano.
El astrónomo molesto lo miró con coraje, no comprendía cómo el conserje le pedía salir temprano, mientras él estudiaba las órbitas de los astros, un eclipse y descubría una nueva estrella. Se le quedó mirando y como si no hubiera escuchado la petición del pobre hombre, le dijo ¿No sientes curiosidad por acercarte al telescopio y observar el maravilloso mundo celeste?
Ocurre señor, respondió el conserje, que aquí cerca, en nuestro planeta, en nuestro país, en nuestra comunidad hay dos ríos que se desbordaron y hay muchas personas damnificadas en el pueblo que necesitan ayuda. Mi esposa preparó comida, ropa, medicinas y agua … por eso le pedí permiso, debo ir con otros vecinos a llevar esta pequeña ayuda a la pobre gente que está desesperada arriba de una loma, y necesita de nosotros, sus vecinos, sus hermanos, discúlpeme, pero otro día me deja observar esas maravillas del cielo que tanto lo entusiasman.
Amigo, le dijo el astrónomo, permíteme llamarte amigo, desde ahora no serás más el conserje, serás mi amigo ¿sabes por qué? Porque me has dado una gran lección, me ayudaste a descubrir cosas muy importantes, que mi telescopio no podía ver y que estaban aquí tan cerca de mí: la hermandad, la solidaridad, la dignidad humana.
Ciertamente mi trabajo es muy valioso y he estudiado mucho para saber más y más, pero me olvidé de mis hermanos como tú, personas que también han estudiado, no en los libros, sino en la vida y en la amistad que son dos grandes escuelas a las que deberíamos ir con más frecuencia y nunca graduarnos en ellas, sino ser siempre sus alumnos.
Acostumbrado a mirar lejos, no miraba lo que tenía enfrente, a la mano, esta mano que estrecha la tuya con amistad y que desde ahora te dice ¡Amigo!
