Sin autor conocido
Demóstenes, el famoso orador y abogado griego que vivió en el siglo IV de nuestra era, estaba en el tribunal defendiendo a un hombre muy pobre, para salvarle la vida. Pero veía a los jueces distraídos y aburridos.
Entonces Demóstenes interrumpió su defensa y les dijo: -Señores jueces, quiero contarles una anécdota muy interesante; viene perfectamente al caso de ustedes. Sucede que un hombre alquiló un burro para viajar a Atenas. Durante el viaje, como el sol estaba muy fuerte, bajó del animal y descansó medía hora a su sombra. Terminado el viaje, devolvió el animal, pagó el alquiler convenido y se fue.
Pero el dueño del burro llegó a saber lo del sol y la sombra; mandó llamar al señor y le dijo: -Tú me pagaste tan sólo el alquiler del burro, ahora debes pagarme aparte lo de la sombra.
El señor alegaba: -Yo te he pagado el alquiler del burro entero, por tanto, iba incluida también la sombra del burro.
Así se armó la discusión tan violenta que… Ahora los jueces estaban todos muy silenciosos y atentos. Demóstenes aprovechó para reanudar la defensa del pobre. Pero los jueces protestaron: – Cuéntanos cómo terminó lo del burro y la sombra.
Demóstenes les contestó: -Señores jueces, debieran ustedes avergonzarse, cuando se trata de salvar a un hombre pobre e inocente, ustedes se ponen distraídos, aburridos y sólo bostezan. Cuando en cambio, yo invento la historia de un burro y su sombra ustedes ponen toda su atención y quieren saber hasta el mínimo detalle. ¿Creen ustedes que es así como deben portarse los jueces?
