LCC. Elisa Mayela González Rodríguez.
Si recordamos una de las películas más importantes en la historia del Cine que hace referencia al poder de los Medios de Comunicación, es sin lugar a dudas El Ciudadano Kane (1941), de Orson Welles, donde expone la vida de un magnate estadounidense de la prensa amarillista cuyo éxito fue incrementándose con el paso del tiempo, gracias a la genialidad del personaje que a pesar de declarar en sus inicios su apego a la información veraz, fue reflejando lo contrario con el paso de los años a través de artículos de tendencia sensacionalista, para obviamente atraer la atención de los lectores y por ende obtener más poder en los terrenos político y económico.
Si imagináramos que Charles Foster Kane, regresara al mundo de hoy, ¿Cómo sería su proceder frente a una sociedad consumista de información constante? ¿Qué haría con las nuevas tecnologías de información y comunicación? ¿Qué pasaría con su periódico el Inquirer ante la prensa electrónica? ¿Cómo manejaría la noticia ante una sociedad más despierta sobre la credibilidad de los medios, donde pone en tela de juicio la honestidad de los mismos?
Sin duda alguna cada uno de estos cuestionamientos sería todo un reto para este personaje de hace 70 años. Sin embargo el periodismo sigue siendo el mismo, cuya esencia real se basa en el objetivo de informar oportunamente a las audiencias acerca de los hechos relevantes de diversas índoles influyendo, aunque no lo quiera, en sus modos de pensar y actuar.
Partiendo desde este concepto, Kane se adaptaría a los grandes cambios, ya que los medios de comunicación persiguen el mismo ideal, indistintamente de un periódico impreso o leído desde un smartphone. Además, gracias a la libertad de expresión existente, mucho más amplia que la de su época, seguramente publicaría sin miramientos lo que él quisiera y a su manera por supuesto.
Si lo hacía hace 70 años sin importarle la censura, ahora con mayor razón, y muy probablemente se valdría de contactos y un sin número de estrategias para llamar la atención. Desde la publicación de sucesos que causan emoción, hasta sus escándalos personales derrotando a la competencia, provocando lo indecible gracias a la creatividad y a la visión que tenía para los negocios millonarios sin titubear, pues la ambición desmedida del personaje era un punto medular en su forma de ser: “Si no hubiera sido tan rico, habría sido un buen hombre” confiesa en el film, señalando que el poder lo otorga el dinero y el dinero va corrompiendo el alma, dejando a un lado los valores éticos y todo lo que implica el deber ser.
Aunado a lo anterior, pese a que existe una amplia crítica hacia la información comunicada por los Mass Media, gran parte de la gente ávida de información, sigue siendo influenciada por ellos, a través de lo que lee, lo que observa, lo que escucha, consumiendo solo lo que le ofrecen, gracias al nivel socioeconómico y cultural al que pertenecen; lo que les limita significativamente el cuestionar y separar lo que informa de lo que deforma. De ahí el poder inconmensurable de los Medios de Comunicación, por lo que sin duda alguna habría un Inquirer renovado y galopante para otros 70 años o tal vez mas.

