Gabriel Contreras
Es uno de los grandes fotógrafos del México contemporáneo. Ha sabido subvertir nuestra mirada, hasta cambiar nuestros esquemas, nuestra sensibilidad, nuestra estética.
Aristeo Jiménez ha puesto su enfoque en los pueblos y ranchos de México, los ha retratado como pocos logran hacerlo, y ahora nos invita a probar sus apuestas culinarias. Porque además de fotógrafo, Aristeo Jiménez es un chef formado en la escuela de Rocatti, en San Pedro.
Nacido en Ahualulco, San Luis Potosí, Aristeo acaba de abrir las puertas de La Fondita de la Luz, y ahí no encontraremos manjares italianos, tampoco comida china, porque lo suyo son los tamales de frijol negro, los bocoles, el atole, las enchiladas potosinas.
“Con que tengamos en la mesa un poco de carne seca de víbora cascabel, con eso tengo”, nos dice Aristeo, con esa sencillez que lo caracteriza.
Aristeo Jiménez, fotógrafo, se formó con Graciela Iturbide, con Juan Rodrigo Llaguno, cono Rogelio Cuéllar, y a la hora de estudiar cocina aprendió lo fundamental de la concina francesa, para aplicar esas técnicas y esos instrumentos a la cocina criolla mexicana.
“En la cocina mexicana hay de todo, tenemos elementos árabes, africanos, espeñoles, italianos, tenemos todo en nuestra cocina, porque lo esencial de México es lo criollo, la mezcla”.
A Jiménez le parece paradójico que en Monterrey haya espacio para la cocina vietnamita, coreana, francesa, pero no para la cocina potosina, “es increíble, cuando son los potosinos los que han construido porácticamente la grandeza de esta ciudad”.
Mientras conversa, gira sobre el comal unos tamales de puerco, grasosos como ningunos, y de un tostado perfecto, que los dotar de un sabor que no se puede describir con palabras.

