Por Oliverio Anaya
¿Quién no tiene una anécdota que contar de su época de estudiante en donde haya tenido que copiar la tarea de algún compañero para obtener mejor calificación ? Lejos de esas historias que ahora nos producen nostalgia, alegría y complicidad está escribiéndose la horripilante realidad del medio escolar actual mexicano, donde hacer trampa es una práctica común. Existen infinidad de estadísticas sobre los resultados académicos escolares en todos los niveles pero desgraciadamente no existen estudios sistemáticos que hablen del fraude escolar, sin embargo, mis años de experiencia docente y pedagógica, así como los comentarios y afirmaciones de cientos de estudiantes y maestros de todos los niveles lo corroboran.
La importancia que se da a la evaluación cuantitativa y el desproporcionado avance tecnológico han contribuido para que el alumno simplemente opte por conectarse a internet para obtener cualquier tipo de textos o información, los teléfonos celulares facilitan fotografiar exámenes y es común pasarse tareas digitales vía correo electrónico, práctica que inclusive en las escuelas normales se practica. Los alumnos viven en constante competitividad por los números, desean aprobar, no tanto aprender; el éxito fácil y rápido con el mínimo esfuerzo es la filosofía actual.
Desgraciadamente la trampa ya es una parte medular de nuestra cultura y poco a poco se ha ido apoderando del medio escolar y aunado a esto la poca o nula autoridad que el padre de familia ejerce sobre sus hijos ha venido a empeorar este problema que más bien parece ya una epidemia, actualmente si un maestro pone una mala calificación o reprende a un alumno por haber hecho trampa, el padre de familia se enoja , se preocupa más por señalar a otros que también lo hacen para restar culpa a su hijo ó en el peor de los casos porque el maestro no se dé cuenta y no por la acción del joven, esto provoca que los alumnos no sientan remordimiento y mucho menos le den importancia a estas prácticas.
Las trampas escolares se dan en todos los niveles y en todo tipo de escuelas lo que contribuye a que la corrupción en nuestro país crezca día con día y en cualquier parte. Debemos poner un hasta aquí, iniciando por el contexto escolar que es el lugar ideal donde maestros, padres de familia y alumnos aún podemos hacer algo para modificar el comportamiento social de apatía y aceptación, es necesario modificar la escala de valores de los jóvenes para que la línea entre lo correcto y lo incorrecto sea bastante clara , revalorizando la ética en todas las actividades humanas o este país se convertirá sólo en una carrera en donde triunfe el más tramposo y no el más apto ni el más inteligente.
