Ismael Vidales Delgado
Se cuenta por ahí que un día en lugares distantes, pero en la misma ciudad y a la misma hora, murieron un cura y un chofer de camión de pasajeros.
Los dos llegaron al cielo y se presentaron ante el Señor para rendir cuentas de su conducta acá en la Tierra. Después de que ambos argumentaron sus merecimientos para ser premiados con un lugar en el cielo, el Señor dictó su sentencia:
-Tú, le dijo al cura, te irás al infierno.
-Tú, le dijo al chofer, te quedas en el cielo.
El cura de inmediato se defendió y en su argumentación repetía: Señor, toda mi vida te serví, todos los días daba misa, oraba con mis feligreses y llevé una vida decente. Tienes razón, le dijo el Señor, te quedarás acá, pero debes tener conciencia que mientras tú dabas misa, la mitad de los feligreses se dormía, eras en verdad muy aburrido.
En cambio, cuando este cafre manejaba, y lo hacía ocho horas al día desde las cinco de la mañana, todos los pasajeros iban rezando y encomendándose a mí. No me negarás que éste fue más efectivo que tu.
