Ismael Vidales Delgado

Tiresias, famoso adivino de la mitología griega, había predicho que “Narciso no llegara a viejo, a menos que no vea su imagen”. Este extraño oráculo no había impedido que el hijo de la ninfa Liriope se convirtiera en un bello adolescente lleno de orgullo. Encendía los corazones, especialmente el de la pobre ninfa Eco que desfallecía de dolor ante el rechazo que sufría por parte de Narciso; de ella solo queda su voz… que aun podemos escuchar en algunos lugares.
Narciso descubrió el amor un día que bebía el agua de un manantial: quedo extasiado al ver su rostro, que de inmediato le inspiro la pasión más arrasadora.
La leyenda atribuye diversas muertes a Narciso: angustiado al no poder tocar al objeto de su amor, se atravesó el corazón con un puñal; se ahogo en el fondo del manantial o simplemente se dejo morir de tristeza.
De cualquier manera, solo queda de este bello joven la hermosa flor blanca con la corola roja que lleva su nombre y la palabra narcisismo que califica el amor excesivo por uno mismo.
El poeta latino Ovidio cuenta que Narciso se convirtió en la flor que lleva su nombre para poderse ver siempre reflejado en el agua. ¿De quién se enamoro Narciso? Del único ser que no podía corresponder su amor: ¡De si mismo ¡
Narciso era un joven hermoso que rompía los corazones, pero no amaba a nadie. Un día descubrió su imagen reflejada en el agua y quedo locamente enamorado de ella. Pero ¿cómo apropiarse de un reflejo? Narciso permaneció al borde del agua contemplando la imagen amada y acabo por morir de pena.
