Ismael Vidales Delgado

Penélope era asediada por los insolentes príncipes que codiciaban el trono de Ulises (había más de cien instalados en la corte), de manera que además de demostrar su fidelidad a su esposo, hubo de ingeniárselas para no impacientarlos.
Prometió que elegiría a su futuro esposo una vez que terminara de tejer la mortaja de su suegro. Los príncipes la veían tejer durante todo el día; pero, lo que ignoraban era que ella se pasaba la noche destejiendo lo que había hecho en el día.
Pero, finalmente su truco fue descubierto. Cuando Penélope, desesperada, debía cumplir su promesa, un mendigo se presento en la corte. Penélope le narro sus tormentos y el mendigo le aconsejo organizar un torneo de tiro con el arco de Ulises; ella prometería casarse con aquel que repitiera la proeza de su esposo: atravesar de un flechazo doce hachas alineadas.
¡Los príncipes no pudieron siquiera tensar el arco de Ulises! El mendigo pidió que le permitieran intentarlo: su flecha atravesó las hachas. Era Ulises, disfrazado. Veinte años de sabiduría y fidelidad fueron por fin recompensados.
La tela de Penélope se convirtió en metáfora de una tarea que se desbarata incesantemente y que por lo mismo nunca se termina.
¿Quién fue la más fiel de las esposas? Se llamaba Penélope, y era esposa de Ulises, el héroe griego cuyas extraordinarias aventuras se narran en la Odisea. Ulises partió a la guerra de Troya y tardo veinte años en regresar, por lo que todos lo daban por muerto, menos Penélope. Ella lo espero fielmente y rehusó las propuestas de matrimonio que le hacían los pretendientes al trono de Ítaca.
