Doctor Marcelo Jr. Luna Rivera
La Unidad de Urología Ginecológica del Hospital Universitario “Doctor José Eleuterio González”, de la Universidad Autónoma de Nuevo León, inició sus funciones en junio de 2001, bajo la dirección del doctor Marcelo Jr. Luna Rivera, ante la necesidad de otorgar atención especializada en este ramo.
Actualmente, la unidad brinda más de 900 consultas anuales y más de cien procedimientos quirúrgicos específicos para suelo pélvico, además de otorgar atención y cobertura médica a pacientes e instituciones del norte de la República, lo que la convierte en el más importante centro de atención a pacientes que requieren valoración especializada en urología ginecológica o atención quirúrgica relacionada con estética pélvica.
La unidad cuenta con equipo de vanguardia y tecnología de punta para la correcta valoración, atención, diagnóstico y tratamiento de las diversas patologías que día a día se nos presentan, así como con un equipo médico y personal de enfermería, altamente comprometido con el bienestar de nuestras pacientes.
INCONTINENCIA URINARIA, UNA REALIDAD SILENTE
Uno de los principales motivos de consulta en nuestro universo de pacientes es la pérdida urinaria transuretral, entidad denominada incontinencia urinaria; esta entidad clínica afecta a millones de mexicanas, e incide de forma negativa en la calidad de su vida. Los tabúes asociados a esta enfermedad y la falta de información de los familiares, pacientes y personal médico, han dado lugar a un infradiagnóstico de la misma.
La falta de atención de esta afección lleva a las pacientes, en muchos casos, al aislamiento social, familiar y laboral, que afecta directamente su calidad de vida, tan sólo por la vergüenza de confesar que la padecen. Las repercusiones en estas pacientes pueden ser: depresión, aislamiento social, dependencia, caídas, infecciones recurrentes de las vías urinarias, eritemas perianales, estrés en la familia, amigos o cuidadores, además de aumento en los costos económicos.
La incidencia aproximada de incontinencia urinaria en mujeres entre los 25 y 50 años es de 25 por ciento, aunque llega a cifras superiores al 55 por ciento en mujeres por arriba de los 50 años. Esto nos da una idea de la importancia de conocer a profundidad, como personal médico, esta patología, que actualmente, en nuestro país, es subdiagnosticada.
Por consiguiente, el diagnóstico se pasa por alto en muchas pacientes, ya sea porque la paciente no acuda a la consulta, ya sea por falta de información o bien porque el personal médico no hace las preguntas de rutina necesarias sobre síntomas de incontinencia o urgencia urinaria.
La incontinencia urinaria es definida, según la International Continence Society, como: “Una condición mediante la cual se origina la pérdida involuntaria de orina a través de la uretra, objetivamente demostrable, lo que ocasiona problemas sociales e higiénicos”.
TIPOS DE INCONTINENCIA
De esta entidad podemos mencionar que existe: incontinencia urinaria de esfuerzo, incontinencia urinaria de urgencia, incontinencia urinaria mixta, incontinencia urinaria por rebosamiento e incontinencia urinaria de origen extrauretral, debida esta última a la presencia de fistulas en las vías urinarias u otras entidades clínicas.
Es de suma importancia reconocer y diagnosticar correctamente cada una de estas entidades, ya que el abordaje y tratamiento es totalmente diferente e individualizado para el tipo específico de incontinencia. El no realizar un exhaustivo interrogatorio, una intencionada exploración física y complementar con estudios, como la urodinámica multicanal o la realización de estudios endoscópicos, tales como la cistoscopia, pueden llegar a confundir al momento de la realización del diagnóstico y, por consiguiente, el tratamiento no resolvería la sintomatología de las pacientes; por el contrario, en algunos casos, ésta pudiera agravarse, afectando directamente la calidad de vida de las mismas.
INCONTINENCIA URINARIA DE ESFUERZO
La incontinencia urinaria de esfuerzo es aquélla en la que la pérdida urinaria se presenta principalmente precedida de maniobras que aumenten la presión intrabdominal, tales como toser, estornudar, levantar objetos pesados, agacharse, subir o bajar escaleras, pero no refieren urgencia miccional previa a las pérdidas urinarias.
Ésta es predominante en el sexo femenino, y es ocasionada por la debilidad del piso pélvico, el cual está constituido por un sistema de sostén de músculos y ligamentos íntimamente relacionados entre ellos. Las principales causas de daños a los mecanismos de sostén, de los cuales depende la continencia urinaria, son el embarazo, antecedente de embarazos múltiples (gemelar), trabajo de parto, parto vía vaginal, antecedente de legrados, antecedentes de cirugías pélvicas radicales, lesión medular, cambios estrogénicos dependendientes del envejecimiento, tos crónica, pacientes alérgicas, realización de esfuerzos repetitivos, estreñimiento crónico.
La principal lesión fibromuscular de los mecanismos de sostén, relacionada con la incontinencia urinaria de esfuerzo, se localiza directamente en la pared vaginal anterior, y deriva en otras entidades clínicas, tales como cistocele y uretrocele, los cuales varían en tamaño, dependiendo de la gravedad de la lesión presentada.
El tratamiento de la incontinencia urinaria de esfuerzo, cuando ésta es leve, consiste principalmente en fisioterapia del suelo pélvico, mediante la realización de ejercicio de los músculos perineales (ejercicios de Kegel), o bien con el uso de medicamentos que aumentan la fuerza de cierre del esfínter uretral.
Cuando la incontinencia es refractaria a este tratamiento inicial, o bien es más severa, el tratamiento quirúrgico indicado es la corrección del defecto anatómico, para lo cual están descritas una gran variedad de técnicas quirúrgicas, dependiendo del tipo de defecto asociado a la incontinencia. Uno de los métodos más usados en nuestra unidad es la aplicación transvaginal de cintillas de polipropileno, que tiene la ventaja de ser una técnica sencilla, con un tiempo quirúrgico corto, además de ser un procedimiento ambulatorio con una rápida recuperación, y con una tasa de éxito de hasta el 93 por ciento en pacientes operadas en nuestra unidad.
INCONTINENCIA URINARIA DE URGENCIA
La incontinencia urinaria de urgencia es aquélla en que las pérdidas urinarias se presentan generalmente precedidas de un gran deseo de micción, y no se relaciona con pérdidas sufridas durante los esfuerzos. Las pérdidas urinarias pueden variar desde leves hasta importantes cantidades; incluso, en muchos casos se presentan pérdidas urinarias totales, pues para la paciente resulta imposible inhibir el deseo o el vaciado vesical.
Es característico el aumento del número de micciones de las pacientes, de nueve a un mayor número de veces durante el día, y más de tres durante la noche. Esta frecuencia puede variar, y llegar hasta 60 micciones en 24 horas. Generalmente, las pacientes presentan síntomas dados por urgencia miccional, polaquiuria, tenesmo y nicturia.
Los síntomas son desencadenados en ocasiones por circunstancias tales como lavarse las manos, escuchar agua correr o simplemente por experimentar frío. Es de suma importancia recordar que algunos alimentos suelen agravar los síntomas, tales como chocolate, frijoles, brócoli, café, refrescos carbonatados, alcohol, cigarros, entre otros. Estos síntomas terminan por afectar directamente al paciente en su calidad de vida, pues ocasionan una falta de sueño reparador, aislamiento, accidentes y fracturas en los pacientes mayores, así como detrimento en el presupuesto familiar, por el gasto de aditamento dedicado al cuidado de estas pacientes.
En este tipo de incontinencia, las causas pueden relacionarse con diversas entidades, tales como pacientes con lesión medular, enfermedades crónico degenerativas, como diabetes mellitus, esclerosis múltiple, presencia de cuerpos extraños (litiasis vesical), cistitis intersticial, y, en raros casos, entidades neoplásicas, etcétera. La causa más común es un problema irritativo vesical de origen idiopático, y para el correcto diagnóstico de estas pacientes, es indispensable la realización de estudios urodinámicos.
IMPORTANCIA DE LOS ESTUDIOS
Sin ellos, es incorrecto iniciar el tratamiento, el cual está encaminado a mejorar directamente la calidad de vida de las pacientes, mediante la aplicación de medidas tales como reeducación del hÁbito miccional; técnicas de electroestimulación perineal; una dieta específica, tratando de evitar los alimentos identificados que exacerban el cuadro clínico; cuantificación y horario de la ingesta de líquidos, y la toma de medicamentos cuyo mecanismo de acción es bloquear las contracciones vesicales involuntarias que ocasionen la urgencia urinaria y las pÉrdidas de orina de estas pacientes.
Los medicamentos más utilizados actualmente son la tolterodina y oxibutinina vía oral, los cuales son tolerados adecuadamente por las pacientes y presentan pocos efectos colaterales, de los cuales, los más frecuentes son resequedad de boca y mucosas y, en algunos casos, estreñimiento o cefalea. La desventaja que pudiera presentarse es que la toma es diaria, por largos periodos, generalmente de tres a cinco meses, y el costo de los mismos.
Otra opción terapéutica, en la cual nuestra institución es pionera regional y nacional, además de contar con una gran experiencia, es la aplicación de toxina botulínica tipo A, la cual, mediante manera endoscópica, es inyectada directamente en la pared muscular de la vejiga. La dosis varía de 200 a 300 unidades, dependiendo de la sintomatología de la paciente. Es un procedimiento ambulatorio, sencillo, y con resultados extraordinarios, ya que se observa mejoría o desaparición de la sintomatología en un periodo de tres a cinco días, lo que contribuye a que la paciente recobre de nuevo su autonomía; a que disminuya hasta la normalidad el número de micciones, y a que desaparezcan los escapes urinarios.
Por consiguiente, la dependencia del uso de toallas sanitarias o del uso de pañales también deja de ser indispensable. Según nuestra experiencia, la tasa de éxito de este procedimiento es del cien por ciento en un periodo de seis a ocho meses, pero es necesaria la reaplicación pasado este periodo.
La incontinencia urinaria mixta es la más frecuente de las tres, y es una mezcla de incontinencia urinaria de esfuerzo y de urgencia; aquí radica la importancia de diagnosticar cuál de los dos factores predomina, ya que esto determinará el tratamiento que se ha de seguir. De no hacerlo correctamente, esto repercutirá directamente en detrimento de la paciente, ya que no encontrará alivio a su patología.
UNIDAD DE CIRUGÍA DE SUELO PÉLVICO
Contamos con una unidad avanzada de cirugía de defectos del suelo pélvico, en la cual realizamos cirugías correctivas de alta especialidad en reconstrucción funcional y estética.
Como centro de referencia de la zona norte, día a día nos enfrentamos a una gran variedad de retos quirúrgicos en este tipo de padecimientos, pero contamos con equipo médico altamente especializado, y con equipo quirúrgico de última generación, para su resolución.
Actualmente, se ha adquirido tecnología láser, para la realización de operaciones quirúrgicas en nuestra unidad, lo que nos coloca a la vanguardia en cirugía reconstructiva vaginal (Cistopexia, Rectopexia, Prolapso Uterino).
La plastia y reducción de los labios menores es cada vez un procedimiento más solicitado por nuestras pacientes, ya sea por motivos funcionales o estéticos. En estos casos, la aplicación de la tecnología láser es una gran herramienta quirúrgica, pues simplifica la cirugía, el tiempo quirúrgico, alivia el sangrado, el dolor posquirúrgico, y disminuye el tiempo de recuperación.
VULVODINIA, UNA REALIDAD POCO CONSIDERADA
La historia de mi padecimiento comenzó hace cuatro años, con lo que parecía una simple infección vaginal; tenía ardor, picazón, dolor; eran síntomas difíciles de explicar, por lo que me automediqué, como muy frecuentemente lo recomiendan los medios de comunicación, y me di cuenta de que no era una infección vaginal, ya que mi situación no mejoró; por el contrario, empeoró.
Fue entonces cuando este problema comenzó a preocuparme; después de semanas de incertidumbre e incomodidad, acudí con el médico general, quien, después de realizarme una exploración, me diagnosticó una “infección vaginal”, y me indicó múltiples tratamientos, los cuales no me ofrecieron ningún resultado, por lo que acudí de nuevo, y en esta ocasión me diagnosticó “dermatitis” para la que también me recetó un tratamiento, el cual seguí sin presentar ninguna mejoría, por lo que me canalizó con un especialista en ginecología.
De nuevo, al exponer mis síntomas vaginales, el doctor diagnosticó de nuevo infección vaginal indicando otra vez múltiples tratamientos para mi padecimiento, en los cuales tampoco encontré remedio; al paso del tiempo, meses, años, mis síntomas se fueron exacerbando. En el trascurso de esos años, me diagnosticaron infección urinaria, vaginitis etcétera, sin nunca encontrar mejoría.
Después de cuatro años de angustia, desesperación, y cuando mi calidad de vida se estaba perdiendo, tuve la fortuna de acudir a la consulta de uroginecología del Hospital Universitario. En la primera cita, y después de exponerle mis síntomas y de realizarme los estudios necesarios, el médico me diagnosticó con “vulvodinia”, y me explicó de qué se trata este padecimiento, y cuál era el tratamiento que debía seguir, además de cómo controlarla, ya que lamentablemente esta enfermedad podía ser crónica.
Después de seguir el tratamiento, mis síntomas disminuyeron considerablemente, hasta sentirme completamente aliviada. Hoy en día me siento tranquila de saber que existe un tratamiento para mi enfermedad, y que puedo contar con el apoyo de especialistas realmente capacitados.
El anterior testimonio representa al común denominador de las pacientes que padecen vulvodinia. Su historia refiere por lo general múltiples consultas, múltiples diagnósticos y tratamientos; sin encontrar alivio a su malestar, debido al desconocimiento de esta patología, poco frecuente, por parte de nuestra comunidad médica, que en la mayoría de los casos la considera como un diagnóstico probable. Algunas mujeres sufren de dolor o incomodidad crónicos de la vulva. Esta afección se denomina vulvodinia. Se desconoce totalmente la causa de la vulvodinia, pero existen tratamientos que pueden ayudar a aliviar el dolor.
QUÉ ES LA VULVODINIA
La vulvodinia es una afección que implica dolor crónico y malestar en la vulva. El dolor se manifiesta repetidamente y dura mucho. Los dos tipos más comunes de vulvodinia se denominan: generalizada, en la que el dolor o el malestar pueden sentirse en el área completa de la vulva, y aquélla en la cual el dolor se siente únicamente en el vestíbulo vaginal. En ambos casos, a menudo la vulva tiene una apariencia normal, pues no se observan lesiones, úlceras o tumoraciones que pudieran explicar los síntomas que refieren, aunque la mujer sienta dolor. Este dolor puede afectar la salud de la mujer y su vida sexual.
Algunas mujeres con dolor pélvico crónico pueden desarrollar temor a las relaciones sexuales. Ese temor puede resultar en vaginismo, un espasmo de los músculos que rodean la vagina. Los espasmos pueden ocasionar que el tener relaciones sexuales sea doloroso y, en algunos casos, imposible.
Como el dolor crónico puede dificultar el trabajo o la actividad, la vulvodinia puede trastornar la vida diaria de una mujer. Lidiar con el dolor a largo plazo puede ocasionar problemas de salud mental, como baja autoestima, ansiedad y depresión. Las emociones y el estrés también pueden desempeñar un papel en cómo se siente y se trata el dolor.
SE DESCONOCEN LAS CAUSAS
No se sabe con certeza qué causa la vulvodinia; no obstante, se sabe que no la ocasiona el cáncer ni ciertas infecciones, como el virus de papiloma humano (VPH) o el herpes. Tampoco es una enfermedad de transmisión sexual. Cuando su médico diagnostica la vulvodinia, ha descartado el cáncer o el herpes. Las mujeres que sufren de vulvodinia pueden experimentar algunas de estas sensaciones en el área de la vulva: quemazón, ardor, irritación, picazón, dolor, palpitación, hinchazón.
Estos síntomas pueden ser constantes o presentarse y cesar. Pueden comenzar y aliviarse sin advertencia. Encontrar la causa del dolor puede ser frustrante. Aunque puede no haber cura para su afección, es posible que encuentre algo de alivio con tratamiento. Con el tiempo, su médico colaborará con usted para encontrar el método de tratamiento que mejor le funcione.
